Ser

Leo tantas historias, de esas que intentan definir lo que no se es.

¿Cómo explicar?

La mirada, los labios, la risa, la piel, la seda de la voz, el ingenio, el aroma, todo en mí y no todo en un amante. Cada detalle he sido, todo me apropié.

¿Cómo explicar?

Ni entrega ni conquista, sólo ser.

Ser, sin más.

Sobra definir, limitar.

¿Cómo explicar?

La multitud que resulto en una sola piel.

Ser el otro, el espacio, el abrazo y el observador.

Cada vez que repito la pregunta surge otra línea, que da forma a un intento de definición, limitada.

Este fue un ejercicio inútil.

No soy yo

… es esta sed que me aniquila,

… es el viento del sur, que trae cenizas,

… es la roca azul de los recuerdos,

… es pesada el alma y la fé a cuestas,

… escribí mensajes para este presente,
no logro interpretar los símbolos.

… es el corazón ausente,
es el alma vacía,
es tu mano en la puerta.

No sé si has regresado o aún no te has ido.

Sin sentido

¿Recuerdas?

Platícame de nuevo tus motivos.

Refresca esta memoria antigua, estruja el velo del olvido.

Susurra al viento alguna frase, que porte el aroma de tu piel.

… mañana, tal vez…

¿qué fue tu adiós?

media vuelta, el mundo se detuvo…
solo el movimiento de tu cuerpo.

las piezas de tu ropa se plegaron,
quizá para ayudarme a detenerte,
tal vez para apresurar la partida.

un paso, el viento
el siguiente, un sueño
tu espalda, nunca te conocí,
no has existido mas allá de mis deseos.

¿Dónde habita lo que no existe?
¡Ah! Ahora lo sé, te he soñado.

Sin título

A oscuras llego a tus caminos,

la entrada cubierta de guardias,

los exploradores de la vida,

espero.

No cabe duda,

noviembre se vive en colores,

en sonrisas y rimas,

de aromas y nombres.

Sus letras se encuentran,

son huellas del tiempo,

rutas deseadas

de sueños escritos.       

Los que escriben

Ocurrencias ¿De dónde surgen las buenas historias? No es la primera frase que consideré, porque la pregunta original que puse en mi mesa mental era ¿Viviría todo de igual manera? Si, todo el bla bla de vivir la misma vida a sabiendas de qué sucederá.

¿Así surgirán las grandes historias? ¿Haría lo mismo?

Ja! Se me ocurrieron eventos que cambiaría, luego consideré lo que no ocurriría, ponderé las posibles pérdidas y valoré cometer los mismos errores, a posta, sin remordimientos, sin arrepentimientos ni excusas.

Cada consecuencia valdría su momento original. Se energiza el ánimo, una alegría de lo vivido.

Divagué.

Crear

He leído los ensayos de mis alumnos, pasar la criba de la evaluación es una experiencia emocionante. Desde mi mundo de ideas y percepciones, esta semana ha sido refrescante para el espíritu de las lecturas, sin relación con el clima invernal.

Visualizar el todo del escrito, recorrer las veredas evidentes y encontrar mis propios caminos en ese mar ajeno, me regala una libertad vivificante. Así recupero las antiguas motivaciones de la lectura, encontrar espejos en las ideas de otros y sus formas de manifestarlas ¿Soy egoísta? Lo peor es que lo disfruto una barbaridad; leer y mis sentires.

Protección

Hace dos o tres semanas platiqué con mi querida amiga Mary, su formación profesional le ha dado herramientas que potenciaron sus grandes virtudes de magnífica escucha y espíritu generoso.

Me permite hablar, hasta que las palabras construyen nuevas ventanas a mi propio mundo interior. Me observo y contemplo detalles que después de una vida apenas descubro.

Los recuerdos que evoco de momentos tempranos, han sido construidos cuando mi madre tenía emociones o sentimientos desbordados, casi siempre de enojo o sufrimiento. Siendo la mayor hice notar mi presencia, absorbí imágenes, palabras, sonidos. Cuando mi madre hablaba de algún suceso y se limitaba a sólo decir un poco, me encargué de aportar detalles, desde la hora en el reloj, los colores, las personas, las frases dichas, los objetos en el sitio, el clima, las actitudes, tantos detalles como podía evocar del momento. Todo ello para sorpresa de mi madre, no podía creerlo.

En algún momento he mencionado un cheque no recibido, estuve ahí, lo rechazó. Nos bajamos del automóvil del tío de mi padre que nos había llevado a la estación del tren. Las palabras intercambiadas fueron, no vendí a mi hija se la dejé a su abuela porque necesito ayuda, no dije eso, es para las medicinas del niño, no tomaré nada de usted, no seas terca es solo ayuda para los niños. La sorpresa de mi madre fue mayúscula cuando repetí el diálogo después de que ella lo comentaba, sin detalles, con mi hermana. Mencioné la hora, el espacio, dónde estaba yo de pie, las maletas, mi hermanito en sus brazos.

Poco lloraba mi madre, durante mucho tiempo se lo guardó.

Verano del 63, regresamos a casa en tren, sólo los tres. Mi padre nos esperaba.

Propósitos

No hay grandiosos, únicos, especiales.

Son pequeños, momentáneos, sucesivos.

Unos edifican en grande, satisfacen, algunos dan color al instante y otros sólo oscurecen el entorno.

Si alguno fenece antes de llegar al alma, queda un hueco, como un pequeño sobresalto en el corazón, y buscas la roca que sostenga el paso, que mitigue el tropiezo.

Y dudas.

Temes otros propósitos ausentes y de tanto imaginarlos, ocurren.

Desaparece el camino, no porque no esté, resulta que olvidaste el color de su voz, el sonido de su rumbo. Y te detienes. Quedas a mitad de la nada.

Ni camino, ni sonidos, ni propósitos. Te sofoca la conciencia de ti mismo.

Respirar vivifica.

Tu voz es el camino, mirada y color.

Vida y momentos.

Voluntad y propósitos.

¿Suena a disculpa?

Detener la ira, disculparme, no es mi fuerte. Diría mi padre: «Herencia italiana», que muy arraigada tenía la costumbre de guardarse los enojos. He aprendido a ponerlos en palabras escritas, es más fácil reconstruirlos y convertirlos en algo mejor. Esto es de ayer.

«En fin, ya pusiste en equilibrio los dimes y diretes.

No le hace, ni modo.
Me abstengo de seguir la pelotera.

Te dije y lo sostengo, porque palabra si tengo, algún día NOS PERDONAREMOS, será de dos vías.
Porque sigues siendo mi hermano, y tu sangre mi sangre.
Aunque pensemos diferente.

Naciste hermoso, sigues hermoso, lo enojado nunca lo superaste.
Ni modo hermanito, así te quiero igual, ojalá la vida me dé la oportunidad de ayudarte a resolver lo que se pueda arreglar.»